La lluvia no paraba de caer sobre el coche, y el limpiaparabrisas no dejaba de apartarla, segundo tras segundo, no sabía por qué no podía concentrarme en nada, estaba en una especie de transe, conmocionado por lo que me había ocurrido y abrumado por la nada esperada salvación que había supuesto este chico para mí, le debía la vida…
-Gracias Daniel- me notaba la voz torpe- no sé cómo agradecerte que…
-Eso ya lo has dicho- él miraba hacia la carretera, parecía estar tan abrumado como yo- Y ya te dije que no he hecho nada, vamos al centro de salud a que te vean… Tienes una pinta horrible, y, me gustaría que me explicaras cómo ha pasado todo.
Mientras hablábamos, sentía grandes pinchazos en varias partes de mi cuerpo, pero donde más en la mano izquierda y en las piernas. Llegamos al centro de salud del pueblo y paró justo en frente.
-Esos perros no eran normales…- se quedó mirándome la herida de la mano, yo esperé que siguiera hablando pero no lo hizo, se bajó del coche y fue entonces cuando habló- ¿A qué esperas? Bájate.
Me baje y caminé hacia donde estaba.
-Muchas gracias por traerme hasta aquí, y por salvarme la vida también- por fin había recuperado mi voz, estiré la mano derecha para estrechar la suya.
-No pensarás que me voy a marchar- me decía mientras estrechábamos las manos- No te voy a dejar aquí, tirado. Rápido tenemos que entrar a que te vean eso ya- estaba como alterado, pero sonriendo, no paraba de hacer gestos cuando hablaba.
Me cogió de un hombro y casi me empujaba hasta la puerta del centro, había que tocar el timbre, ya que a esas horas de la noche solo había un médico de guardia en ese pequeño y pobre hospital. Nada más tocar el timbre por las escaleras unos delgados pies bajaron rápidamente, era la dulce doctora Arline, su cara fina se asombró al tocar con sus ojos mi cara, y corriendo abrió la puerta.
-¿¡Pero qué te ha pasado chico!?- su voz sonaba tan joven como se veía su cuerpo.
-Largo de contar, pero algo relacionado con perros enormes- dijo Daniel haciendo énfasis en la última palabra.
-¡Qué horror!- exclamó ella mientras me agarraba por el codo izquierdo arrastrándome hasta una salita a la izquierda nada más entrar.- Vamos a ver qué podemos hacer…
De repente todo empezó a dar vueltas, me daba la sensación de que ellos iban demasiado rápido y yo demasiado lento.
-Da… agárralo… va… desplomar…- oía decir entre cortadamente a Arline, en ese momento dejé de ver, y mis pensamientos cesaron.
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