Estaba harto de estar allí, la gente, el ambiente, la música, todo aquello me repetía en la cabeza y me hacía sentir como un caldo espeso. En esos momentos daba las gracias de tener ya la mayoría de edad y mi viejo land rover esperando en la entrada, era tan fácil como meterme las manos en el bolsillo, hasta sentir el frío tacto de las llaves del coche, justo debajo de la cartera raída. Arranqué las llaves del útil agujero artificial de los pantalones y las sostuve en las manos, delante de mi cara, me largaría de aquí y daría fin a varias cosas, la primera, la falsa relación que tengo con Ánn, también el malestar de estar con sus estúpidos y unineuronales amigos, venga, ya tenía tomada la decisión, ahora solamente tenía que actuar. Di media vuelta y metí un pie entre la gente y estiré la mano izquierda para empezar a abrirme paso entre la muchedumbre del chalé.
-¡OYE! ¡DANIEL!- Sentí a Ánn tres cabezas más allá, avanzó gritando ruidosamente hasta agarrarme el brazo -¿A dónde vas, lo estamos pasando genial?
-No, Ánn, tú lo pasas genial, como siempre, yo no pinto nada aquí- intenté no tocar sus ojos con mi mirada- yo simplemente me voy, a pasármelo genial con mis amigos.
-Cómo que no pintas nada aquí, me tienes a mí y no te hace falta nada más, yo soy lo que te completa- cada silaba la decía sonriendo sínicamente…
-Al parecer tú completas a muchos últimamente, si no es a mí, es la boca de Brian, y si no algún otro te está completando alguna parte tuya…
-¡¿QUÉEE?!- Su rostro pasó de ser el de la dulce sirenita Ariel a el de una hambrienta y salvaje sirena griega, las venas del cuello parecían carreteras, por unos instantes pensé en correr, cavar un túnel y encerrarme de por vida- ¡SI TE CREES, QUE ALGUIEN COMO TÚ…
-Hey preciosa, deja el enfado y vente a bailar conmigo otra vez.-un tío habló, no me quise fijar ni en su cara, estaba preocupada con la bestia que todavía apretaba mi brazo con sus manos.
Ánn respiró varias veces, y fue soltando mi extremidad.
-Bueno, vete de aquí, ya volverás arrastrándote, nunca conseguirás a nadie como yo.
-No lo deseo nena.
Ahora sí engullí mi cuerpo entre manada de personas sudorosas y desaparecí de allí.
Todo había resultado ser un desastre, había echado el año por la borda, había suspendido la universidad, y ahora acababa de acabar una relación que nunca debería haber empezado… me sentía fatal, no quería pensar, así que puse la radio del coche al máximo y me concentré en la carretera.
Me faltaba poco para llegar a mi destino cuando mis faros alumbraron el contorno de un cuerpo de persona que estaba de pie, inmóvil, rodeado de unas tres… no, cuatro inquietas sombras que se movían a cuatro patas amenazadoramente, no me di cuenta de la situación hasta que me acerque lo suficiente como para verle la cara al chico, que yo conocía, miró hacia mi coche con expresión horrorizada, por un momento me quede dudando, ¿qué estaba pasando?, mis ojos se movieron rápidamente hasta la ropa del chico, llena de manchas rojas, ¡sangre!
Toqué la pita del coche para ahuyentar a los enormes chuchos y me bajé corriendo, dejando el 4x4 en marcha, los perros seguían ahí, pero me impulse hacia ellos para darles golpes, tantos como fueran necesarios, le di la mano a la victima desorientada, y una vez los perros se habían apartado rodee con mis brazos los hombros del chico, y agradecí tenerlos fuertes, ya que casi lo levanté del suelo y lo lleve hasta el coche, lo metí dentro por la puerta que deje abierta y lo ayude a sentarse en el asiento del copiloto, cuando estuvo sentado, me subí del todo al vehículo y cerré la puerta dando un golpe. Arranqué y apagué la radio, la inocente cara del chico estaba manchada de sangre, yo le observaba preocupado sin decir palabra mientras conducía hasta el centro de salud, no quería sobresaltarle.
-¿Da…niel?- me dijo con voz seca- …gracias.
No sé por qué me dieron tantas ganas de abrazar al chico más joven que yo, lo sentí débil y quise hacer todo lo que estuviera a mi alcance por él.
-Todavía no he hecho nada, mírate dios mío estás hecho un Cristo- cuando dije esto, él sonrió, no entendí como era capaz, después de lo que le acababa de pasar.
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